La Mujer Europea

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Normalmente es una fecha reivindicativa sobre los derechos laborales de las mujeres y en la que se denuncian los abusos que estas sufren todavía en muchas partes del mundo donde su dignidad es pisoteada y las mujeres son consideradas poco más que simples objetos. Esa visión de la mujer como una sumisa que ha de estar sometida a su padre primero y luego a su marido es totalmente contraria a la tradición europea y a nuestros valores ancestrales, por lo que me parece interesante contrastar la visión europea tradicional de la mujer frente a la que posteriormente instauró el monoteísmo en Europa.

3 women

Matriarcado y Patriarcado

Lo primero que hay que aclarar es la diferencia entre una sociedad matriarcal y una sociedad patriarcal. Estos términos, matriarcado y patriarcado, generalmente se usan de manera equivocada, atribuyéndole un significado que no les corresponde. Se tiende a identificar el matriarcado como un sistema político y social en el que existe una supremacía femenina frente al patriarcado, en el que existe la supremacía masculina. Esto, desde mi punto de vista, no se corresponde con la realidad histórica de estos dos sistemas ya que tanto en una sociedad matriarcal como una sociedad patriarcal puede existir equilibrio entre ambos sexos. Es un tema que se debate mucho en la historiografía, por lo que voy a exponer mi punto de vista al respecto.

Todos, seamos hombres o mujeres, tenemos energías masculinas y femeninas y debemos buscar un equilibrio entre ellas. Las energías femeninas son aquellas que tienen que ver con la quietud, la espera, la fertilidad… mientras que las masculinas son aquellas que tienen que ver con la acción, el movimiento, la fuerza… es un tema que daría para mucho, pero baste esto como explicación rápida. El equilibrio entre las energías masculinas y femeninas es necesario en cualquier persona. Asociado a esto, a lo largo del tiempo, determinados valores se han considerado “masculinos” o “femeninos” según la época. Cuando una sociedad es matriarcal eso quiere decir que los valores que se consideran femeninos son los predominantes en esa sociedad, que la Matriarca es la jefa del clan y que hay una sucesión matrilineal en las familias. En una sociedad patriarcal ocurre lo contrario, los valores que se consideran masculinos son los predominantes en la sociedad, el Patriarca es el jefe del clan y hay una sucesión patrilineal en las familias.

Generalmente las cosas no son blancas o negras, no había en la Prehistoria sociedades totalmente patriarcales o totalmente matriarcales y en todo caso, con un sistema o con el otro, ni las mujeres son subalternas en un sistema patriarcal ni los hombres lo son en uno matriarcal. En la Europa ancestral existían tribus matriarcales y tribus patriarcales. En el plano sexual, mientras que una sociedad matriarcal tiene una moral que podríamos llamar “más relajada” puesto que la mujer es la transmisora del linaje, en una sociedad patriarcal se tiende a la monogamia y a formar familias nucleares, dado que es el padre el que transmite el linaje y eso hace necesario que se asegure de que los hijos de su esposa son realmente suyos.

En el Paleolítico predominaba el seiðr, la magia chamánica femenina. Esto no quiere decir que sólo las mujeres fuesen hechiceras (seiðkona), también había hechiceros (seiðrmaðr) pero trabajan una magia con sus energías femeninas. Esto ha sido muchas veces interpretado como que un seiðrmaðr es “afeminado” o menos viril por practicar seiðr, pero creo que esa interpretación se debe a un intento posterior por desprestigiar la magia, sobre todo en época cristiana. Un hombre, ni mucho menos, es menos viril por trabajar con energías femeninas. Así mismo, en el Paleolítico las mujeres eran también cazadoras (no hay más que ver el número de diosas de la caza que hay en todos los panteones europeos: Skaði, Diana, Artemisa, Arduinna…) y posteriormente, guerreras. No obstante, con el paso del tiempo, las mujeres se dedicaron más a la recolección y el cuidado de los hijos y ancianos, mientras que los hombres se dedicaron a la caza. La razón de que esto sucediese no está clara, pero en mi opinión se debió a la escasez de mujeres. Es mucho menos peligroso recolectar alimentos que cazar y un clan podía permitirse el lujo de arriesgar la vida de sus varones, pero no el de sus mujeres, sobre todo si estas estaban embarazadas. Si una tribu tenía pocos hombres, podía sobrevivir; si tenía pocas mujeres estaba condenado a la extinción.

mujer prehistoria

Sea como fuere, en cada tribu comenzó a haber probablemente dos poderes: el espiritual, representado por (la mayoría de las veces) una hechicera; y el poder cívico-militar representado por (la mayoría de las veces) un jefe cazador, que después fue un jefe guerrero. Podía haber hechiceros y podía haber jefas cazadoras/guerreras, pero es de suponer que sería lo más habitual que fuese así. Durante el Neolítico, con la sedentarización, la sociedad se vuelve más compleja y los hechiceros pasan a ser sacerdotes y tenemos atestiguados en los yacimientos los primeros Big Men o príncipes. El jefe cazador/guerrero se convierte en un caudillo. En el plano religioso, del primitivo animismo y el culto a los ancestros, se evoluciona hacia el politeísmo. De los espíritus abstractos se pasa primero a representarlos con forma animal (totemismo) y finalmente con forma humana (dioses). En primer lugar serán los dioses relacionados con la naturaleza (Vanir) y más tarde los dioses relacionados con los fenómenos atmosféricos y con conceptos abstractos como la guerra (Æsir).

El hecho de que la guerra cobrara más importancia, provocó que la casta guerrera tomara más prestigio en la Edad de los Metales y que se produjese un cambio ideológico y religioso que derivó al patriarcado. Una tribu, aquella que conocemos como indoeuropeos, arios, atlantes, hiperbóreos… pero cuyo nombre real probablemente fuese teutas, se convirtió en la cultura dominante y su lengua y su cosmovisión se añadió, sin sustituirla, a la que ya tenían las demás tribus europeas. Muchas tribus siguieron siendo mayoritariamente matriarcales, como los iberos/vascones o los fineses, sin que por ello el hombre estuviese en una situación de inferioridad. Tampoco lo estaba la mujer en sociedades patriarcales, por ejemplo en Esparta.

princesa espartana

Ruptura del Equilibrio

Si hemos dicho que tanto en una sociedad matriarcal como en una sociedad patriarcal puede haber equivalencia entre hombres y mujeres ¿en qué momento se rompió esto? ¿En qué momento pasó la mujer a estar subyugada por el varón? En mi opinión esto sucede cuando nace el Estado. No fue fácil para el ser humano aprender a dominar a sus semejantes. Tal cosa no se da en la naturaleza en ninguna otra especie. Un animal caza a otro, vive en simbiosis con él o lo parasita, pero no hay nada parecido a la esclavitud o al Estado entre los leones, los lobos, los halcones, los elefantes…

El primer paso en la dominación fue la ganadería: el ser humano aprendía a dominar individuos de otra especie. Después vino la dominación de la mujer: fue la primera vez que el ser humano sometía a un individuo de su misma especie. El siguiente paso fue que un grupo de individuos, mediante la fuerza, dominaran al resto del grupo. Ahí es cuando nace el Estado y con el Estado, la guerra institucional y la esclavitud, cuando un pueblo aprende a dominar a otro pueblo. Esto no quiere decir que en una sociedad tribal no pueda haber, bajo ciertas circunstancias, individuos en una condición de servidumbre. Pero el esclavismo como sistema económico no hubiera sido posible sin el Estado, que un grupo viva a costa de los demás, sometiéndolos por las armas y cobrándoles impuestos, no hubiera sido posible si antes no hubieran aprendido a someter a la mujer. Recordemos que la mujer era (y en cierto modo sigue siendo) la que educaba a los hijos, además de ser la única que podía parir. Su útero era la “fábrica de hijos”. Por lo que controlando la sexualidad de la mujer se controlaba la “producción” de mano de obra y sometiéndola se controlaba la educación. Por lo tanto la dominación de la mujer es el origen de todas las demás dominaciones humanas.

¿Dónde se produce esto? En las sociedades estatales de Oriente Medio. El estatismo es ajeno a la tradición tribal europea, como también lo es la dominación de la mujer. No hay más que ver el escaso valor que los pueblos semitas que habitan ese lugar les dan a sus mujeres. Cuando uno ve los códigos legales asirios, acadios, babilonios… la mujer es poco más que una mercancía, una propiedad más, como una vaca… o un esclavo. Cuando el estatismo se “contagia” al sur de Europa, griegos y romanos adoptarán un sistema similar y la mujer europea comenzará a perder sus libertades. La dominación de la mujer, como la aparición del Estado en sí misma, es una importación semita a la cultura europea. Con el Imperio Romano esto se consolidará (hasta el punto de que los historiadores romanos se asombraban ante la libertad de las mujeres celtas y germanas, diciendo el mismo Tácito que Germania parecía más una matria que una patria) y el punto de no retorno será la cristianización (no olvidemos que el cristianismo es una religión oriental de origen semita).

El Monoteísmo Abrahámico y la Mujer

Tanto el cristianismo como el islam son religiones de Estado, frente a las religiones tribales nativas. Al establecer el monoteísmo (el “dios único” se construye a partir de la figura del Dios Padre) se elimina la figura de la Diosa Madre y se produce un profundo desprecio hacia lo femenino y consecuentemente hacia la mujer. Esto ocurrió en el judaísmo, que borró de un plumazo a la Diosa Madre hebrea Asherah y sucedió en el cristianismo y el islam. Aunque el cristianismo hizo suyos muchos valores europeos y en cierta medida la Virgen María asumió el papel simbólico de Diosa Madre y en el cristianismo primitivo hubo diaconisas y tuvieron un papel muy relevante las mujeres, los arquetipos cristianos no dejan de ser los de la Biblia judía. Si uno lee el Antiguo Testamento, la mujer es el origen del Pecado Original. Eva es la mujer sumisa, nacida de la costilla de Adán y que le lleva a la perdición, frente a la figura de Lilith, la primera mujer, libre y creada como una igual, que fue expulsada del Edén por negarse a someterse a su marido.

lilith

Así es que, mientras que en las numerosas mitologías europeas las diosas aparecen representando multitud de arquetipos positivos (la guerrera, la cazadora, la anciana sabia, la madre, la doncella, la sabiduría…) en el cristianismo la mujer sólo es la pecadora (Eva, María Magdalena) o la madre (la Virgen María). La adoración a la Virgen, además, es fruto de la influencia europea, ya que originalmente se la consideraba simplemente como el “recipiente” necesario para que naciese Cristo. La misoginia en el Antiguo Testamento es más que evidente, basten tan sólo unas citas:

A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará.»

Génesis 3:16

¿No han hallado botín, y lo están repartiendo? A cada uno una doncella, o dos; las vestiduras de colores para Sísara, las vestiduras bordadas de colores; La ropa de color bordada de ambos lados, para los jefes de los que tomaron el botín.

Jueces 5:30

Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies; por tanto, el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová descubrirá sus vergüenzas.

Isaías 3:16-17

Toda malicia es poca junto a la malicia de mujer, ¡que la suerte del pecador caiga sobre ella!

Eclesiástico 25,19

Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio.

Eclesiástico 42:14

            Sobre esta base teológica no es de extrañar que los eruditos cristianos medievales, como Santo Tomás de Aquino, cuestionasen si la mujer, que es tratada en el mejor de los casos como una mera posesión, cuando no señaladas como causa del pecado y la perdición del hombre, tuviese siquiera alma.

En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida, porque el poder activo de la semilla masculina tiende a la producción de un perfecto parecido en el sexo masculino, mientras que la producción de una mujer proviene de una falta del poder activo.

Santo Tomás de Aquino, Suma Theologica

            Si esto sucede en el judeocristianismo, la visión islámica sobre la mujer es aún peor. El islam es el monoteísmo más perfecto, el último desarrollado, por lo tanto es el más destructivo y peligroso. Mientras que el cristianismo se impregnó de valores europeos y en parte gracias a ello estos se mantuvieron en parte, no sucede lo mismo en el islam. La misoginia del Corán es incluso superior a la del Antiguo Testamento:

Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos sobre otros y en virtud de lo que (en ellas) gastan de sus riquezas. Las habrá que sean rectas, obedientes y que guarden, cuando no las vean, aquello que Allah manda guardar. Pero aquéllas cuya rebeldía temáis, amonestadlas, no os acostéis con ellas, pegadles; pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas. Allah es siempre Excelso, Grande.

Surah An-Nissâ, 34

            Es cierto que la mayoría de teólogos musulmanes interpretan que cuando dice “pegadles” no se refiere a que deben agredirlas literalmente, pero el simple hecho de que algo así esté sujeto a interpretación, tiene nefastas consecuencias en los países en los que rige la ley islámica. En todo caso, esta visión sobre la mujer, como una simple mercancía, como un ser sumiso, es repugnante para cualquier europeo y desde luego totalmente contraria a los valores tradicionales. Basten algunos ejemplos de las Leyes del Gulathing, escritas en la Noruega cristiana pero cuando todavía había una profunda influencia del Derecho germánico, para contrastar la visión europea frente a la visión abrahámica de la mujer:

Ningún hombre tratará a golpes a su mujer en una fiesta o en una comida. Y si la golpea ante la gente, tendrá que pagarle una compensación similar a la que él exigiría para sí y lo mismo si sucede una segunda o una tercera vez, ella tendrá la posibilidad de separarse de él quedándose con el regalo y la parte correspondiente de los bienes. Y si un hombre quiere abandonar a su mujer, lo hará de tal modo que ambos puedan escuchar lo que dice el otro ante la presencia de testigos.

Si un hombre mata a una mujer, será proscrito de la misma manera que si hubiese matado a un hombre, pero si una mujer le quita la vida a un hombre, será proscrita y sus familiares tendrán que sacarla fuera del país.

Si un hombre golpea a una mujer o una mujer a un hombre, se pagará la compensación a la que tenga derecho el que recibe la herida y un baug al rey.

A pesar de que se trata de leyes medievales y de que ya se había producido una influencia cristiana en Noruega, creo que queda bastante clara la diferencia de mentalidad con respecto al monoteísmo abrahámico en lo referente a las mujeres. La mujer, en todo caso, no es un sujeto pasivo sino activo del Derecho. Peor aún es la situación de la mujer en otras sociedades, por ejemplo en algunos lugares de África, donde se practica la atrocidad de la mutilación genital femenina. Debemos abandonar el buenismo y el relativismo cultural y sentirnos orgullosos, como europeos, de la dignidad que reconocemos a nuestras mujeres.

mujer tradicional

Movimientos Feministas

Como era de esperar, la sumisión de la mujer europea tarde o temprano debía provocar una reacción para restablecer el equilibrio. El feminismo es esa reacción, ante una situación manifiestamente injusta e indecente. Llegados a este punto debemos entender que hay diferentes tipos de corrientes feministas y no meterlas a todas en el mismo saco. Conviene también diferenciar entre igualdad y equivalencia. Los primeros movimientos feministas, en la mayoría de los casos, hablaban de equivalencia, es decir, que hombres y mujeres somos equivalentes, valemos lo mismo, pero no somos iguales. Esto parece una verdad evidente, pero no lo es tanto para muchas personas.

La llamada primera ola del feminismo fue fundamentalmente de carácter liberal. Buscaba la igualdad de derechos ante la Ley y el fin de la discriminación de las mujeres. Su primera representante fue Olimpia de Gouges, quien en 1791 escribió la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en el contexto de la Revolución Francesa. Ni el proceso revolucionario francés ni el americano que le había precedido habían tenido en cuenta a las mujeres, por lo que Marie Gouze (el verdadero nombre de Olimpia) trató de incorporar la causa de las mujeres a la Revolución. También era firme defensora de la abolición de la esclavitud. El abolicionismo y el feminismo fueron durante los siglos XVIII y XIX movimientos íntimamente relacionados. Fue llevada a la guillotina y ejecutada por las autoridades revolucionarias.

El siguiente punto decisivo en la lucha por la emancipación de la mujer fue la Declaración de Sentimientos o Resoluciones de Seneca Falls, en 1848, cuando un grupo de 68 mujeres y 32 varones, liderados por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott para estudiar las condiciones, derechos sociales, civiles y religiosos de las mujeres, elaboraron un documento en Seneca Falls (Nueva York). La declaración parafrasea a la Declaración de la Independencia americana del mismo modo que el texto de Olimpia de Gouges parafrasea a la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano francesa. El movimiento feminista, en estos momentos, no pretendía un enfrentamiento hacia los varones en ningún caso, sencillamente reivindicaba el final de la discriminación de la mujer en las leyes. La culminación de esta primera ola del feminismo fue el movimiento sufragista, la reivindicación del voto para la mujer, por lo tanto queda claro que es un movimiento de carácter liberal.

Resulta curiosa la apropiación que la izquierda marxista hace del feminismo cuando este es un movimiento profundamente liberal y contrasta con el marxismo para el que, en aquellos tiempos, el ideal de familia obrera era aquella en la que el varón podía ganar lo suficiente como para que la mujer no trabajase. Si hablamos de España, el feminismo originalmente fue un movimiento impulsado por la derecha católica y por los liberales, así como por los anarquistas de la CNT, en cuyo seno nacería después Mujeres Libres. La CNT fue la primera en repartir folletos sobre métodos anticonceptivos o sobre la anatomía y la masturbación femenina. Mientras esto sucedía, la izquierda marxista se oponía al voto de la mujer. La liberal Clara Campoamor fue la impulsora del voto femenino durante la Segunda República, al que se opuso la socialista Victoria Kent.

Clara Campoamor

Tras la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en los años 60, llega la llamada segunda ola del feminismo, que ya no se centra sólo en las reivindicaciones civiles, pues el voto femenino ya era una realidad en casi todas partes, sino que además intenta mejorar las condiciones laborales y sociales de las mujeres estudiando cuál es el origen de la dominación de la mujer. Se produce entonces un auge en los estudios sobre la mujer en todas las Ciencias Sociales, los llamados estudios de género. Esto, que en principio es algo positivo, tenía un problema: en los años 60 la hegemonía intelectual en todas las universidades la tenía el marxismo cultural. Esto implicó que el lenguaje marxista se introdujese en el discurso feminista y que los movimientos feministas, así como los movimientos indigenistas, los movimientos en pro de los derechos de los homosexuales y muchos otros movimientos sociales que estaban surgiendo en aquellos momentos, fueran totalmente monopolizados por los marxistas como parte de su agenda para dominar el pensamiento occidental.

Se instauró una dialéctica maniquea similar a la del marxismo en el seno del movimiento feminista, una “lucha de sexos” similar a la “lucha de clases” e incluso algunos teorizaron que la mujer era una clase social. Lo mismo sucederá en otros muchos movimientos, estableciendo una línea divisoria entre un grupo oprimido y otro opresor, victimizando al primero y culpabilizando al segundo de todos sus males. Las minorías étnicas, sexuales o de cualquier otro tipo son idealizadas, igual que sucede con la mujer, y se ve al hombre blanco heterosexual y cisgénero como el opresor. La dialéctica marxista se apodera del feminismo, la mujer pasa a ser la proletaria y el hombre el burgués y se reproduce el esquema marxista que, por otra parte, es el esquema judeocristiano: la antítesis entre el Bien y el Mal, tomados de forma absoluta.

En este contexto es cuando la Antropología, totalmente dominada por el marxismo, desarrolla la categoría de género. Se entiende que el sexo es algo biológico (los genitales) mientras que el género (ser hombre o mujer) es algo cultural, es una construcción social, independiente del sexo. Es cierto que nacer varón o hembra es una cosa (el sexo) y la concepción que la sociedad tiene sobre lo masculino y lo femenino (el género) es algo diferente. Lo que en una sociedad puede ser “de hombres” en otra puede serlo “de mujeres”, lo que hace siglos era “cosa de hombres” hoy no tiene por qué serlo, o viceversa. Ahora bien, es un error pensar que sexo y género son cosas totalmente independientes y sin relación entre ellas. La realidad cultural del género se construye en base a la realidad biológica precedente del sexo. Que excepcionalmente esto pueda no cumplirse no hace que, como norma general, se pueda aceptar el género como algo totalmente separado del sexo o como una construcción social arbitraria que puede cambiarse en cualquier momento.

Sin embargo, no todo en esa segunda ola del feminismo se limitó a la dominación intelectual del marxismo cultural sobre el movimiento. También se produjeron avances muy importantes, se planteó la perspectiva del género a la hora de estudiar la Historia o las Ciencias Sociales, las relaciones entre hombres y mujeres a lo largo del tiempo… y esto también tuvo una corriente espiritual. En los años 70 nace el Movimiento de la Diosa, se potencia las deidades femeninas dentro de las religiones nativas y en cierto modo se potencia la feminidad que hasta ese momento estaba en un segundo plano por la influencia abrahámica.

diosa madre 2

A pesar de las “interferencias” marxistas, la segunda ola del feminismo aportó en definitiva cosas muy positivas y contribuyó a que, al margen de la igualdad legal, hubiese un reequilibrio entre lo masculino y lo femenino después de miles de años de desequilibrio. Ese equilibrio es necesario, para hombres y para mujeres. No sólo es un equilibrio en nuestras relaciones, sino un equilibrio en nuestra propia psique. Si entendemos a los dioses como algo interno, más que como deidades externas, las diosas son parte de nuestro propio ser, de nuestras energías femeninas. Una parte de nosotros que, durante demasiado tiempo, habíamos estado dejando de lado.

La tercera ola del feminismo o el feminismo radical surge en los años 80 y sobre todo se desarrolla en los años 90. A diferencia de las olas precedentes del feminismo, suele plantearse ya en términos totalmente rupturistas, agresivos en muchos casos hacia el patriarcado, al que identifican como el sistema opresivo para la mujer. Es una corriente que surge con la llamada crisis de la Modernidad, la teoría crítica (el marxismo cultural) es superada por la llamada teoría post-crítica, que trata de deconstruir todos los valores occidentales para implantar otros nuevos, en un proyecto de ingeniería social para cambiar la mentalidad de la gente y, consecuentemente, crear una nueva sociedad. Esta fue la idea de la Escuela de Frankfurt cuando se desarrolla el marxismo cultural, en los años 50 y 60 se hablaba de la contracultura, pero en los 80 y 90 ya no es contracultural, sino que se ha convertido en la cultura dominante.

Este feminismo de la tercera ola amplía los sujetos del mismo a otras personas que también están supuestamente oprimidas por el heteropatriarcado (ya no sólo se refiere al sistema patriarcal, sino que añade una supuesta supremacía heterosexual que oprime a los homosexuales) pero que no necesariamente han de ser o sentirse mujeres. Es el llamado transfeminismo, porque añade las reivindicaciones de los transexuales a la lucha feminista. Dado que parte de la teoría post-crítica y que deconstruye todos fundamentos del pensamiento occidental, entiende que el género, como la raza, la etnia… son construcciones sociales. Esto lleva incluso a asegurar que existen más géneros además de los dos géneros binarios tradicionales (masculino y femenino).

Con independencia de sus fundamentos teóricos, el problema de esta tercera ola es que pretende imponer mediante la legislación las llamadas leyes de género, es decir, establecer una discriminación positiva hacia las mujeres para “corregir” la discriminación que han sufrido en el pasado, o establecer cuotas obligatorias de hombres y mujeres en ciertos organismos no sólo públicos, sino incluso también privados (como el Consejo de Administración de una empresa). Esto fue de la mano en Estados Unidos a la discriminación positiva hacia los negros u otras minorías que, como en el caso de las mujeres, intentaba “corregir” la discriminación de las leyes racistas anteriores. Además tratan de imponer el llamado lenguaje inclusivo como una suerte de neo lengua al estilo de 1984.

Mi conclusión final sobre el feminismo, una vez analizada su evolución, es que si el feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad jurídica de las mujeres y el fin de su discriminación, es un movimiento que encaja perfectamente con los valores europeos y que tiene todo mi apoyo. Ahora bien, si el feminismo es un movimiento social dominado por el marxismo y su dialéctica maniquea de “buenos” y “malos”, si plantea una actitud revanchista y si es utilizado para justifica la intervención del Estado de cualquier manera, para justificar la discriminación del hombre con cualquier argumento, entonces es un movimiento que tiende al totalitarismo y al odio y que nada tiene que ver con su espíritu original.

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