Ásatrú y Prosperidad Económica

Desde hace varios años Europa vive una crisis a todos los niveles, social, moral, cultural, de valores… pero sin duda la crisis más evidente es la crisis económica. Continuamente nos bombardean en los medios de comunicación sobre lo mal que va todo y la mayoría de la gente se centra y se recrea en esto, en lo mal que está todo, pero pocos intentan hacer algo para cambiar su situación, como si esperaran que un mesías fuese a venir milagrosamente a salvarlos, como si los problemas económicos fuesen una cuestión externa que puedan arreglar los políticos, a los que delegamos toda la responsabilidad y les dejamos hacer lo que quieran, mientras uno se queda en su casa lamentándose. Es cierto que las cosas no están bien económicamente, pero la pregunta es ¿cuándo lo han estado? ¿En la Edad del Hielo nuestros antepasados vivían en la abundancia? ¿A caso en la época de las migraciones germánicas? ¿Cuando Europa estaba asolada por la peste tal vez? ¿Tras nuestra Guerra Civil o tras la II Guerra Mundial? No, definitivamente no estamos peor que entonces. Entonces ¿por qué esa resignación? ¿Por qué el esperar un salvador? ¿De dónde nos viene esa forma de pensar?

Educación Cristiana y Marxista

En muchas ocasiones me he puesto a pensar en estas cuestiones y fundamentalmente somos el resultado de cómo nos han educado. La inmensa mayoría de nosotros, aunque seamos paganos, aunque hayamos vuelto a nuestros dioses nativos, hemos sido educados en valores cristianos. Es cierto que nuestros antepasados llevan siendo cristianos 1.600 años, pero bajo el cristianismo pervivían los valores europeos con mucha más fuerza hasta que surgió el marxismo cultural. El marxismo no es otra cosa que un cristianismo para ateos, es querer instaurar el Reino de Dios en la Tierra. Esto no es algo que opine yo, no hay más que ver la propia letra de La Internacional socialista en una de sus versiones para darse cuenta:

El hombre del hombre es hermano

derechos iguales tendrán

la Tierra será el paraíso,

patria de la Humanidad

El mundialismo de nuestros días y el colectivismo resumidos en una estrofa. Al ser una ideología materialista, el marxismo se centró mucho más en las cuestiones económicas que el cristianismo, pero en el fondo repite el esquema de que “los últimos serán los primeros”, sólo que sustituyendo a Dios por el Estado. El marxismo cultural penetró en el mundo intelectual y tiene la hegemonía cultural y social en todo Occidente, es en esa ideología en la que fueron educados los babyboomers (los nacidos entre 1946 y 1964), la generación que ha construido el mundo que tenemos hoy y ha educado a las siguientes, profundizando aún más en ese esquema. Pero esa forma de pensar, ese mesianismo y ese rechazo a la riqueza tienen ya sus raíces en el cristianismo.

cristianismo es comunismo 2

Si uno analiza la historia del cristianismo primitivo, queda claro que es una religión para los pobres, para los desheredados, para los débiles. Es una religión que penetra en el Imperio Romano de la mano de esclavos y de gente sin recursos que espera tener la recompensa en otra vida por sus padecimientos en esta. Luego el cristianismo se volverá conservador, pero en origen es un movimiento revolucionario no muy diferente a lo que fue el marxismo después: trata de romper e invertir el orden social, quiebra los valores tradicionales, se enfrenta a la religión…

Si vemos los Evangelios hay pruebas sobradas de que el cristianismo alienta la pobreza, la considera buena, considera que los pobres heredarán la Tierra y asocia la riqueza con la ambición, el pecado de la avaricia, que es uno de los siete pecados capitales; también con la soberbia. El perfecto cristiano ha de ser pobre y humilde, pero eso sí, pagar impuestos al Estado y ser obediente con las leyes: “al César lo que es del César”. Durante la Edad Media el comercio era considerado poco menos que pecaminoso, por eso se dejaba en manos de los judíos y los musulmanes, que ningún problema tienen con la riqueza. Pero es que especialmente en el caso de España, aunque es algo más o menos común a todo el mundo católico, cualquier actividad comercial o relacionada con el dinero era “sospechosa” de ser judía. El buen español, cristiano viejo, debía ser un hidalgo. La imagen del hidalgo pobre que se echaba migas de pan en la barba para que sus vecinos pensasen que había comido antes que ponerse a trabajar en oficios viles es muy representativa. En el siglo XVII se decía que las salidas que un español tenía eran tres: Iglesia, mar o Casa Real. Es decir, meterse en la Iglesia y vivir de las limosnas, irse a hacer las Américas o vivir del Estado, ya fuese en la milicia o como funcionario. Con ese panorama difícilmente se crea riqueza en un país.

Algunos ejemplos de que el cristianismo condena la riqueza y el mérito serían por ejemplo:

Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.

Mateo 5:5

Volviendo su vista hacia Sus discípulos, decía: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Lucas 6:21

Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.

Marcos 10:25

El ideal cristiano medieval era la vida monástica, basada en la pobreza evangélica. Dicho ideal consiste en la vida contemplativa, dedicada a la oración y a la mortificación, es decir, al sufrimiento y a la inacción, a la aceptación pasiva de los males entendidos como “la voluntad de Dios”. De hecho el desarrollo comercial que se dio a finales de la Edad Media y que sienta las bases del nacimiento del capitalismo no hubiese sido posible sin los saqueos vikingos sobre los monasterios cristianos, que pusieron en circulación toda la riqueza allí atesorada. El cristianismo además nos da la visión de un Dios Todopoderoso que lo controla todo. Con el marxismo y la idea de crear el Paraíso en la Tierra, trasladamos esa idea de Dios Todopoderoso a la idea del Estado totalitario, planificador de todo, a la economía centralizada frente al orden espontáneo de los individuos, que siempre son impredecibles. Las leyes, las regulaciones, la burocracia, supuestamente para “protegernos” en el fondo coartan la creatividad de las personas y su capacidad para salir adelante. El Estado providencia, también llamado Estado del bienestar no es más que una proyección de esa idea monoteísta de Dios como un padre protector, que castiga “por nuestro bien”. Hoy en día esperamos que los políticos solucionen las cosas, delegamos en ellos: “de eso se tiene que encargar el Estado”, “de eso que se preocupen los políticos, que para eso pagamos impuestos” ¿cuántas veces hemos oído ese tipo de frases? En el fondo no dejan de ser una adaptación moderna a la idea cristiana de que “Dios proveerá”:

Luego dijo Jesús a sus discípulos:

Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán. La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa. Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, ni tienen almacén ni granero; sin embargo, Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves! ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Ya que no pueden hacer algo tan insignificante, ¿por qué se preocupan por lo demás?

Fíjense cómo crecen los lirios. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más hará por ustedes, gente de poca fe! Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de atormentarse. El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan. Ustedes, por el contrario, busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas.

No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino. Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya. Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón

Lucas 12: 22-34

            Es cierto que muchas veces nos preocupamos en exceso y esta parábola intenta decirnos que no nos obsesionemos con lo material, pero nótese como critica que “El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan”, si cambiamos “el Padre” por “el Estado”, es la mayor apología de la socialdemocracia jamás dicha, muchos siglos antes de que existiese el concepto. La mentalidad española de que el Estado ha de resolverlo todo, sin embargo, es algo bastante reciente. El carácter español ha sido siempre bastante individualista, bastante independiente. Pero el Estado del bienestar actual, creado por el PSOE en los años 80, no es sino una continuación del franquismo y la doctrina social de Falange, que no es otra cosa que la doctrina social de la Iglesia Católica predicada por los papas León XIII y Pío IX.

Visión Económica en el Ásatrú

El cristianismo tiene muchas interpretaciones, las hay incluso libertarias, como el anarco-cristianismo, pero la visión cristiana que ha prevalecido es la del agustinismo político, crear una Jerusalén terrenal a imagen de la Jerusalén celeste, es decir, tratar de construir el Reino de Dios en la Tierra. El marxismo, aunque con otra retórica, no ha hecho sino continuar con esta labor. Sin embargo ¿qué valores nos transmite nuestra vieja religión sobre la riqueza?

Frente a esa condena de la riqueza y el mérito y esa creencia de que “los últimos serán los primeros”, el Ásatrú nos anima a ser laboriosos, autosuficientes, a ayudar a los demás cuando tengan necesidad y a no tener envidia de quienes son más ricos que nosotros. La lucha de clases y ese tipo de ideas no son más que una justificación teórica del resentimiento y la envidia, porque siempre es más fácil sentirse “oprimido”, hacerse la víctima y culpa a otro de nuestras desgracias que ponernos a trabajar para cambiar nuestra situación. En la propia cosmovisión tradicional europea vemos una abismal diferencia con la cosmovisión cristiana. Frente a la idea de un Dios Creador Todopoderoso, que todo lo controla (como el Estado lo controla todo en una economía planificada), tenemos el politeísmo y el concepto de Wyrd y de Ørlög, es decir hay una parte de nuestro destino que no podemos cambiar (nuestra herencia genética, nuestras condiciones de partida…), hay cosas que no dependen de nosotros (es decir, son impredecibles, como el orden espontáneo del mercado; la economía no puede, por lo tanto, ser planificada); pero a la vez somos dueños de nuestro destino y podemos cambiarlo en base a las decisiones que libremente tomamos (no debemos esperar a que “Dios provea” sino ponernos en marcha y actuar).

Esto sin duda es algo subjetivo, pero yo creo que los valores que transmite el Ásatrú son esencialmente valores libertarios, propios de una sociedad tribal ligada con vínculos naturales, como son los vínculos de sangre y la lealtad personal, no por vínculos artificiales o por conceptos abstractos como el Estado-nación. Tenemos una idea distorsionada del pasado y sólo nos fijamos en la parte guerrera de nuestros ancestros, sin embargo los valores europeos, desde siempre, han tenido al comercio como algo positivo y creador de riqueza. El intercambio pacífico era más habitual que la guerra, aunque lógicamente es más raro que se escriban sagas sobre un mercader, por mucho que sea necesario tanto valor para una empresa comercial como para una empresa militar.

comerciante vikingo

Solemos hablar de los valores que transmite la espiritualidad nativa europea en muchos aspectos: los valores familiares, los valores en el arte, los valores en la guerra por supuesto (en esto se incide demasiado y tenemos un Ásatrú en ocasiones plagado de “vikingos” que rebosan testosterona), los valores asociados con la naturaleza… pero pocas veces se habla de las implicaciones económicas, de los valores asociados a la creación de riqueza. Veamos qué nos dice el Hávamál al respecto de este particular:

Siempre es feliz el que por sí consigue

alabanza y aprecio;

fácil no ha de ser si el hombre la obtiene

del pecho de otros.

Hávamál, 8

            En esta estrofa claramente se nos anima a esforzarnos y lograr las cosas por nosotros mismos, no a esperar a que nos las regalen. En España se tiende a envidiar al que tiene dinero, frente a lo que sucede en otros países en los que el que consigue prosperar es ayudado por la comunidad y admirado, pues los demás lo toman como un modelo a seguir y saben que su prosperidad puede traer prosperidad indirecta a los demás.

No hay carga mejor, para el que viaja,

que una gran inteligencia;

es la mejor riqueza, parece, en tierra extraña

de la miseria protege.

Hávamál, 10

            Esta estrofa es muy interesante porque nos dice cuál es la clave de la riqueza, que no es tener dinero o bienes materiales. Se suele decir “soy pobre” o “soy rico”, pero lo cierto es que la riqueza o la pobreza no son una condición de la persona, sino un estado. Uno puede estar pobre en un momento coyuntural y dejar de estarlo y del mismo modo puede estar rico y arruinarse si toma malas decisiones. A largo plazo, lo que te hace ser rico es actuar de manera juiciosa, como dice el Hávamál, ser inteligente. La inteligencia, sobre todo, consiste en ser capaz de resolver problemas, de adaptarse a situaciones difíciles, de superar retos.

Un hombre glotón, si no tiene buen juicio,

come y arruina su vida;

a menudo es risible, cuando llega entre sabios,

por su estúpida panza.

Hávamál, 20

            En esta estrofa nos habla de los excesos. También en otras estrofas se nos previene de abusar de la cerveza o el licor y en esta nos habla de la comida. En el fondo lo que nos está diciendo es que seamos moderados, que disfrutemos de los placeres de la vida pero sin abusar de ellos, pues eso nos llevará a la ruina. Dicho de otro modo, que no despilfarremos. Es propio de un “nuevo rico”, que no tiene los hábitos de los ricos pero se ha visto de pronto con dinero, despilfarrar, gastarse lo que tiene en excesos y vicios. La mayoría se arruina por eso.

El hogar es mejor, aunque sea pequeño,

en casa se es el rey;

tener sólo dos cabras y una mala cabaña

es mejor que mendigar.

 

El hogar es mejor, aunque sea pequeño,

en casa se es el rey;

sangra el corazón de quien debe limosnear,

a toda hora, la comida

Hávamál, 36-37

            Estos versos son quizás de los más claras y evidentes de todo el poema. Nos hablan de lo desesperante que es vivir de la caridad ajena. Es desesperante para un hijo no encontrar trabajo y tener que seguir viviendo en casa de los padres cuando por edad ya debería ser independiente, pero también es desesperante depender de ayudas del Estado o de cualquier otra ayuda. Estas situaciones son demoledoras sobre nuestro ánimo cuando se producen y tienden a causarnos depresión, a minar nuestro ánimo y en definitiva a desesperarnos. Por eso el Altísimo nos anima a tener nuestra propia casa, nuestro propio hogar, aunque sea pequeño. Nos alienta a ser autosuficientes, a no depender de nadie, a vivir con austeridad si es necesario, pero con nuestros propios recursos. Además de animarnos a tener una propiedad, aunque sean “dos cabras y una mala cabaña”, antes que mendigar. La propiedad, material y espiritual, es algo esencial en el Ásatrú, el concepto de Oðal. Para ser un hombre libre y tener derecho a ir a la asamblea era necesario ser propietario.

Nunca hallé un dadivoso o pródigo en la comida

que no aceptara un regalo,

o que el dinero nunca [incompleto]

rechazara el pago.

 

El dinero que se ha recibido

preciso es aceptarlo,

se guarda para el odiado lo destinado al querido,

las cosas son peor que pensamos.

Hávamál, 39-40

            En estas estrofas, a mi entender, se nos anima a aprovechar las oportunidades de ganancia allí donde se presenten. Nuestros antepasados aprovechaban las oportunidades de negocio, eran valientes y osados. Además de inteligencia, para prosperar en la vida, es necesario asumir riesgos y salir de lo que se suele llamar la zona de confort.

Pronto se levante quien de algún otro quiera

el dinero o la res;

no suele el lobo acostado conseguir la tajada,

ni un triunfo el hombre dormido.

 

pronto se levante quien pocos obreros tenga

pero cuide su trabajo;

en mucho se atrasa quien duerme hasta tarde,

será rico el activo.

Hávamál, 58-59

            Aquí se nos anima a ser laboriosos, a aprovechar el tiempo. Si por algo se caracterizan los hombres ricos es por madrugar, siempre suelen levantarse muy temprano para estar pendientes de sus negocios, de sus inversiones. Pero con más motivo ha de hacerlo quien no es rico, como bien nos dice el poema. La costumbre de acostarnos tarde, dormir mal y levantarnos tarde es un círculo vicioso que no nos lleva a salir de la miseria, sino a perpetuarla. En cambio, los hombres de campo, nuestros antepasados, se levantaban a las seis de la mañana con el amanecer y aprovechaban el día, acostándose pronto y descansando con la satisfacción de haber sido productivos. Levantarse temprano no implica tener una jornada laborar más larga, sino aprovechar mejor las horas. Por la mañana somos más activos.

No sabe aquél que nada sabe

que a muchos estropea el dinero;

un hombre es rico, otro, es pobre,

a nada hay que culpar.

 

Muere la riqueza, mueren los parientes,

igual morirás tú;

pero la fama no muere nunca

en quien buena la tiene.

 

Muere la riqueza, mueren los parientes,

igual morirás tú;

sólo una cosa sé, que nunca muere:

el juicio sobre cada muerto.

 

Los establos vi llenos de los hijos de Fjultung,

y ahora llevan bastón de mendigo;

así es la riqueza, como un guiño del ojo,

el más voluble amigo.

 

A un hombre ignorante, si llega a conseguir

riqueza, o placer con una dama,

le crece su arrogancia, más nunca su saber,

le aumenta aún su necedad.

Hávamál, 75-79

            En estas estrofas están la mayoría de alusiones a la riqueza en el Discurso del Altísimo, conviene por lo tanto reflexionar detenidamente sobre ellas. La primera nos dice que el dinero estropea a muchos. Ciertamente en muchas ocasiones cuando alguien que nunca ha tenido dinero se enriquece de golpe puede volverse un cretino. Es algo similar a cuando alguien que siempre ha sido un subalterno se vuelve un jefe de pronto, como dice un refrán popular español: “ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió”. En la mayoría de los casos, quien se vuelve un necio cuando tiene dinero, tiende a perderlo rápido pues, como nos dice en las estrofas siguientes, la riqueza es voluble.

En la primera estrofa también nos dice que unos son ricos y otros pobres y a nadie hay que culpar. Esto sin duda es una vacuna contra la envidia, contra la lucha de clases y contra el rencor de los pobres hacia los ricos plasmado en la máxima cristiana de que “los últimos serán los primeros”. La riqueza, en contra de lo que tendemos a pensar de forma intuitiva, no es un juego de suma cero. Es decir, para que unos sean ricos, no necesariamente otros tienen que ser pobres. Lo intuitivo es pensar que es así, que hay una cantidad X de dinero y que si está en unas manos no puede estar en otras, que si uno se enriquece es porque “explota” a otros. Pero si lo analizamos más detenidamente vemos que no es así. Si yo compro huevos, patatas y cebolla, hago una tortilla de patatas y luego la vendo ganando un beneficio que cubre los ingredientes que he comprado ¿a quién he explotado? ¿De dónde ha salido ese beneficio económico sino se lo he quitado a nadie? He generado riqueza de la nada. Por lo tanto no debemos mirar si tal o cual persona es rica, sino de dónde ha salido su riqueza, pues si su riqueza es fruto de acuerdos voluntarios, de su astucia, de su trabajo… no ha hecho nada malo.

Las dos siguientes estrofas son muy conocidas. Nos dicen que las riquezas vienen y van, pero que el prestigio de la persona es lo que permanece, la fama. Esto tiene muchas implicaciones para la vida, pero aplicada al asunto de la riqueza y a la economía, viene a significar que es más importante tener credibilidad a la hora de hacer negocios que tener dinero. El dinero, efectivamente, se puede esfumar de la noche a la mañana. Malas decisiones, una mala inversión, mala suerte… mil cosas pueden pasar. Pero si un empresario tiene fama de honrado, de hacer siempre honor a la palabra dada, de cumplir los contratos, de pagar puntualmente a sus trabajadores… la gente querrá hacer negocios con él e incluso estará dispuesto a prestarle dinero aunque esté arruinado, pues todos saben que siempre cumple. En cambio el que paga mal, el que trata de engañar, el que tiene su fortuna a base de estafara a otros… no será confiable para los negocios, por mucho dinero que tenga.

En la siguiente estrofa nos habla de la frugalidad de la riqueza, de que un día tienes los establos llenos y al siguiente eres un mendigo y tienes que pedir limosna. Esto nos previene de que debemos tener un plan B siempre, tenemos que tener previstas las eventualidades y las contingencias que nos puedan surgir. Si luego vienen mal dadas no vale decir “quién lo hubiera pensado” o “que me quiten lo bailado”. No, eso no sirve para nada. En la vida siempre hay vacas flacas y vacas gordas y quien no tiene eso en cuenta, se verá arruinado tarde o temprano, por mucho que tenga. Esta estrofa es una advertencia para tener cuidado en la riqueza, pero también nos da ánimos en la pobreza, pues las cosas cambian rápidamente y podemos salir de cualquier situación negativa: si hemos sido ricos una vez, podemos volver a serlo.

La última estrofa nos dice algo muy cierto, nos habla de lo que comentaba antes de los “nuevos ricos”. El hombre necio, si se ve con dinero, gastará ese dinero en bienes inútiles, en yates, en relojes, en vicios… y no aprenderá nada, no será más sabio por el hecho de ganar dinero. ¿Cuántos deportistas o actores famosos se hicieron multimillonarios y luego acabaron en la ruina? ¿A cuánta gente le toca la lotería y a los pocos años acaba siendo más pobre de lo que era antes de recibir el premio? Esto se debe a la necedad. No es el dinero lo que genera riqueza, sino el saber, por eso cuando un “nuevo rico” se ve con dinero se vuelve más necio y más arrogante, pero no aprenderá nada de lo sucedido.

Te aconsejamos Loddfáfnir, que tomes el consejo,

Te hará bien, si lo tomas,

Te  será bueno, si lo sigues:

Contento con el mal no has de estar nunca,

Alégrate del bien

Hávamál, 128

En estos versos se nos habla de la envidia. Es una actitud muy típica de alguien que se siente desgraciado alegrarse porque a otros les vaya aún peor aunque, como dice el refrán español: “mal de muchos, consuelo de tontos”. La mayoría de la gente siente envidia cuando consigues algo, consciente o inconscientemente. Esa envidia no consiste en querer lo que tienes, sino en querer que tú no lo tengas. Para salir de la miseria el primer paso es pensar que la carrera es contra ti mismo, no contra los demás.

Te aconsejamos Loddfáfnir, que tomes consejo,

Te hará bien, si lo tomas,

Te será bueno, si lo sigues:

Prudente te aconsejo ser mas no prudente en exceso;

Más prudente en el licor y con la mujer de otro,

Y en una tercera cosa: no te engañen los ladrones.

Hávamál, 131

La prudencia es esencial en la vida pero, como dice el poema, no es bueno ser prudente en exceso. Muchas veces no nos arriesgamos porque no terminamos de verlo claro y nunca vemos buen momento para arriesgarnos a hacer las cosas. Siempre pensamos que es mejor en otro momento, que es mejor hacer un curso antes, conseguir un certificado de algo, esperar a tal época… y así dejamos pasar las oportunidades, que nunca vuelven a presentarse ante nosotros. Hay que ser prudente, sí, sobre todo, como dice el poema, con las mujer de otro y el licor (pues los “líos de faldas” suelen ser la causa de la mayoría de conflictos, así como el “calentarse” y decir o hacer lo que no debes por haber bebido) y, sobre todo, con que no te engañen los ladrones. Es decir, hay que ser prudente y precavido para que no te engañen personas que no son de fiar, pero hay que ser lo suficientemente osado para iniciar una empresa y no postergarla eternamente por miedo o prudencia excesiva.

Te aconsejamos Loddfáfnir, que tomes el consejo,

Te hará bien, si lo tomas,

Te será bueno, si lo sigues;

Del huésped no te burles ni lo eches por la puerta,

Con los pobres sé bueno.

Hávamál, 135

Para que una sociedad prospere es imprescindible que exista una fuerte solidaridad entre los miembros de la comunidad. En el mundo globalizado en el que vivimos donde las ciudades son enormes y masificadas y nadie conoce a nadie, esto es más difícil, pero en una comunidad pequeña, casi familiar, esto surge de manera natural. La idea del rico avaricioso y egoísta que muchas veces tenemos no suele ser lo habitual. Pensemos que una persona, para hacerse rico, ha de pensar qué necesita la sociedad para satisfacer esa necesidad y una vez tiene un negocio, para ganar más dinero, tiene que pensar en cómo puede ofrecer su bien o su servicio al mayor número de personas posibles y al precio más asequible posible. La mayoría de los ricos tienen fundaciones de caridad y donan millones de euros a los pobres ¿lo hacen para mejorar su imagen? Puede ser, pero eso nos indica que una persona generosa está mejor vista y que, ya sea por altruismo o por interés, la riqueza promueve este tipo de actos y en definitiva, que haya un rico en una comunidad favorece a los pobres de dicha comunidad en lugar de perjudicarlos.

La trampa de la socialdemocracia y del Estado del bienestar es hacernos creer que a la gente hay que obligarla a ser generosa, que hay que cobrar impuestos altos para “redistribuir la riqueza”, cuando lo cierto es que quien mejor redistribuye la riqueza es el mercado libre, pues si hay abundancia de un producto en un lugar y escasez en otro sitio, se redistribuye mediante el comercio y los acuerdos voluntarios, de manera mucho más eficaz que el Estado con su burocracia. Se tacha de “insolidarios” a los que no pagan impuestos pero lo cierto es que el pueblo español es bastante generoso, en cualquier campaña navideña la gente siempre dona regalos para los niños, comida para los bancos de alimentos… cuando sucede alguna desgracia la gente siempre es generosa dando dinero. España es el país que lidera las donaciones de órganos y de sangre en el mundo. Somos, en definitiva, un país generoso y por lo tanto no es necesario que el Estado nos obligue a serlo. Seguramente si el Estado no nos quitase el 45% de lo que ganamos en impuestos (ni el mayor tirano medieval cobró nunca más del 10% de impuestos y hoy nos quitan casi la mitad de lo que ganamos), la mayoría sería más generosa aún, pues no delegaría la obligación moral de ayudar a los demás en el Estado, no diría “que ayuden a los pobres los políticos, que para eso pagamos impuestos” y tampoco habría conflictos sociales por sí tal o cual colectivo recibe más ayudas que otro, ya que las ayudas serían voluntarias. Cualquiera que haya pasado necesidad alguna vez sabe que las iniciativas privadas también son más eficaces para ayudarlo que el Estado, que mientras que para recibir una ayuda pública tiene que rellenar multitud de impresos, reunir multitud de condiciones y esperar meses para recibirla, si va a un comedor social, a una ONG o a la Cruz Roja, recibe la ayuda de manera inmediata y mucho más eficaz.

comedor social

Tradición Comercial Europea

Como hemos visto, tenemos una visión del pasado que acentúa mucho la guerra, los enfrentamientos… dándonos una imagen de que nuestros ancestros, antes del cristianismo o de que el Imperio Romano los civilizara, vivían de manera caótica y salvaje. Lo cierto es que la guerra no era lo habitual en el pasado y que los europeos siempre hemos preferido comerciar antes que guerrear. La guerra se institucionaliza con la aparición del Estado, pero la tendencia normal de la sociedad es a resolver los conflictos de manera pacífica y la mayoría de los conflictos, si vemos las fuentes, se basan en disputas comerciales o sobre la propiedad privada. Es falsa también la idea marxista de que nuestros antepasados vivían en una especie de comunismo primitivo, tenían propiedad privada y  resolvían sus conflictos mediante el arbitraje privado. Antes de que existiese el Estado había figuras de autoridad moral como el druida en el mundo celta que actuaban como jueces.

mercado ibero 3

En la Prehistoria era bastante común intercambiar regalos entre los jefes de las tribus, pues así es como se entendía el truque primitivo, como un intercambio de dones. Posteriormente, para facilitar los intercambios, surge el comercio. En un primer momento serán las cabezas de ganado lo que se utiliza para el intercambio (la palabra “capital” viene de caput, “cabeza”, referida a las cabezas de ganado). La obsidiana será el primer bien utilizado como referente para los intercambios, por su valor y su escasez, siendo el comercio de la obsidiana la primera ruta comercial de la que tenemos constancia. Más tarde, con la aparición del metal, serán instrumentos de metal, como hachas u otros utensilios, los que se utilizaban. Posteriormente los metales preciosos, como el oro y la plata, se convertirían en los utilizados por su valor. Sin embargo esto aún presentaba el problema de que los utensilios eran difíciles de fraccionar, era necesario que el mercader fuese con la balanza de un lugar a otro, con las tijeras para cortar las piezas de metal… por lo que se tendió a elaborar piezas de un mismo tamaño para usarlas en los intercambios. La forma de estas piezas recuerda a la piel de un animal extendido, porque eran las pieles de los animales que se usaba antiguamente para intercambiar, como vemos en esta pieza tartésica.

piezas metal tartesos.

Los lingotes o las piezas de metal, para facilitar el comercio, tenían la marca de algún comerciante prestigioso. De esa manera no era necesario pesar con la balanza, porque la gente se fiaba de ese comerciante. Más adelante serán los templos los que ponen una marca, el símbolo del dios, siendo los sacerdotes los que daban fe del valor del metal y son garantía de que no se produzca el fraude. La moneda surge de forma evolutiva, porque llevar pequeñas piezas redondas era mucho más práctico, pero en otros lugares se usaron anillos o elementos similares para el comercio. Era un dinero que valía por sí mismo, por el metal que contenía, y que cuyo valor era certificado por comerciantes o por sacerdotes. Será cuando los reyes comienzan a grabar su efigie en la moneda cuando el Estado obtiene el monopolio del dinero… y cuando comienzan los fraudes, las depreciaciones, las “monedas de vellón”, etcétera. Hasta llegar a nuestros días, con el sistema de bancos centrales, el dinero fiduciario y, una vez abandonado el patrón oro, el dinero actual, que es realmente una ficción, pues sólo el 10% del dinero que circula existe realmente e incluso ese 10% no tiene ningún soporte más allá de la “confianza” en él.

Como vemos el dinero surge de forma evolutiva y privada, antes que el Estado y fruto del comercio. Esto sucedió en prácticamente todas las partes del mundo y también sucedió en Europa. De hecho, en contra de lo que se suele pensar, la expansión de la cultura que llamamos indoeuropea, más que a la guerra hay que achacarla a intercambios comerciales a larga distancia, alianzas matrimoniales, etcétera. Quiere esto decir que el comercio y el intercambio pacífico está presente desde la más remota antigüedad, antes que la guerra. Njørð, el Padre de los Vanir, los dioses más antiguos, es entre otras cosas dios del comercio.

En la época de las migraciones germánicas tenemos muy presente la guerra, las hordas de bárbaros saqueando ciudades… pero se habla poco del comercio que también se dio en aquella época, pese a que el “espacio económico común” (como diríamos hoy) que era el Imperio Romano se había roto. Los vándalos, además de piratas, también fueron comerciantes en el Mediterráneo y los hérulos hicieron lo propio en los mares del norte de Europa. Existían vínculos comerciales entre los visigodos de Spania y sus parientes en el sur de Escandinavia. La Europa de aquellos siglos no fue tan oscura y bélica como se nos ha dicho, aunque evidentemente dominaban las guerras y las luchas, sino que también existía el intercambio y el comercio.

anarcocapitalismo manos

Si hablamos de la Era Vikinga, tan exaltada por muchos cuando hablamos de Ásatrú, se pone siempre sobre la mesa las expediciones guerreras, los pillajes, los saqueos… pero lo cierto es que estos saqueos hay que entenderlos como actos de guerra que se hacían en territorio enemigo, para los nórdicos la institución de la propiedad privada tenía una gran importancia y así queda de manifiesto en las leyes del Gulaþing en Noruega o en los textos legales de la Mancomunidad Islandesa. Para muchos la Mancomunidad Islandesa es un ejemplo de anarco-capitalismo. No se puede hablar de capitalismo en el siglo X, pero sí que fue un ejemplo de sociedad sin Estado que funcionaba gracias al respeto a la propiedad privada y el libre mercado, así como a la libre asociación, ya que uno tenía libertad para establecerse bajo la jurisdicción del Goði que quisiese, actuando este como líder espiritual y también como juez en los conflictos. Los colonos islandeses, de hecho, procedían de Noruega y vinieron a la isla huyendo del naciente Estado noruego.

mercado vikingo

Fueron también famosos los comerciantes varegos en Europa del este, fundando muchos principados y asentamientos comerciales en lo que hoy es Rusia o Ucrania, navegando por los ríos como el Volga, el Dniéper y el Dniéster y llegando hasta Bizancio e incluso hasta los remotos mercados de Oriente. El florecimiento económico de los siglos XIV y XV no hubiera sido posible si los vikingos no hubieran puesto en circulación las riquezas atesoradas en los monasterios. Se habla mucho de la guerra y las expediciones militares, pero los escandinavos también fueron colonos y exploradores, se embarcaron hacia territorios desconocidos y fueron capaces de fundar colonias y prosperar, de comerciar, de generar riqueza en definitiva. Esto es porque les movía el espíritu emprendedor frente a la vida contemplativa monástica de la Europa cristiana, la convicción de que el otro lado de la colina podía estar más verde, de que los pastos más allá de las montañas podían ser mejores. A diferencia de los romanos, que fundaban sus ciudades para someter a impuestos a las tribus del territorio donde se encontraban, las ciudades fundadas por los nórdicos como Dublín, York, Århus, Ribe, Nóvgorod… eran emporios comerciales.

comerciante vikingo 2

Ese espíritu emprendedor fue el mismo que tuvieron nuestros antepasados castellanos al establecerse en Andalucía durante la Edad Media, sabiendo que era una tierra de frontera, peligrosa, en la que se podían sufrir ataques por parte de los moros; o la que tuvieron los comerciantes catalanes por el Mediterráneo, o los balleneros vascos que iban a pescar a las costas de Groenlandia, o los navegantes portugueses que fueron más al sur de las últimas tierras conocidas en África. Es el espíritu de las ciudades comerciales de la Liga Hanseática, o las ciudades del norte de Italia en la Edad Media, donde surgen las primeras manufacturas, o los comerciantes genoveses, venecianos o de otras pequeñas repúblicas que marchaban hasta el Lejano Oriente por la Ruta de la Seda. Es el espíritu de los comerciantes españoles que hacían la ruta de las Indias desde Sevilla en el siglo XVI o el Camino Español hacia Flandes y de las compañías inglesas y holandesas en el siglo XVII, comerciando en los cinco continentes. Es el espíritu del pionero norteamericano en el Lejano Oeste o del pionero ruso en Siberia. Es el mismo espíritu que nos llevó a poner un hombre en la Luna y nos lleva hoy a explorar el espacio, que no deja de ser un océano más grande y desconocido.

base lunar

En definitiva, se suele poner mucho acento en la guerra y la conquista, pero los europeos hemos sido mucho más que guerreros. La pobreza es algo connatural al ser humano. Nacemos pobres y desamparados y sin el apoyo de nuestras familias no sobreviviríamos a nuestra infancia. La mayoría de los países y de los pueblos a lo largo de la historia han sido siempre pobres porque la naturaleza no nos regala nada, todo hay que arrancárselo con esfuerzo y trabajo y en ocasiones es muy hostil. Lo normal es la pobreza y lo excepcional, lo anómalo, es la riqueza. Hemos sido fundamentalmente los europeos los que hemos conseguido generar riqueza, los que hemos conseguido unas cotas de prosperidad económica y desarrollo jamás imaginadas por ningún otro pueblo, los que hemos alcanzado el mayor desarrollo tecnológico. Sintámonos orgullosos de ello y no tengamos complejos, no glorifiquemos la pobreza evangélica y tengamos envidia de nuestros vecinos cuando les vaya mejor que a nosotros. Nuestros valores nos hablan de ser activos y laboriosos, de ser autosuficientes e independientes, no de esperar a que un Dios Todopoderoso o un Estado benefactor nos resuelvan la vida.

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