Superar el Cristianismo

Muchos de los que seguimos alguna rama de la espiritualidad nativa europea tradicional hemos sentido en algún momento aversión al cristianismo. Esto es debido a que hemos sido educados como cristianos, en una Europa formalmente cristiana, hemos sido cristianos la inmensa mayoría en algún momento y cuando comenzó nuestro despertar espiritual sentimos rechazo hacia aquello que entendíamos que nos había resultado nocivo, que había resultado nocivo en definitiva para nuestro Folk en los últimos siglos. Muchos de los que se autodenominan paganos en el fondo ni siquiera tienen una espiritualidad real, sienten una identificación con lo que Europa era antes del cristianismo por una cuestión identitaria o incluso por moda, pero realmente lo que son es anti-cristianos, sin más. Sobra decir que esta visión para nada es sana ni deseable.

El odio al cristianismo, si lo analizamos, realmente es algo infantil. Claro que la cosmovisión monoteísta abrahámica que implica el cristianismo es incompatible con la visión europea del mundo, claro que en cierta medida muchos “vicios” cristianos han causado daño al alma y la psique de los europeos, pero el cristianismo no se implantó en Europa como fruto de una invasión en la mayoría de los casos, sino como una consecuencia de la degeneración absoluta de la sociedad, que abandonó la tradición, abandonó los valores, abandonó a los dioses de sus antepasados… y en esa situación de miseria espiritual y material, de depravación y hedonismo, la nueva fe fue vista como una regeneración espiritual. Casi podríamos decir que fue inevitable que esto ocurriese. Es algo comprable a lo que sucede hoy en día cuando muchos europeos abrazan el budismo, la New Age o prácticas orientales. El cristianismo en su día no dejó de ser eso, una importación oriental, pero antes del cristianismo ya había penetrado el culto a Mitra y ya se habían desarrollado cultos mistéricos en Oriente. La vieja religión europea, estatalizada y deformada, estaba ya resquebrajándose en el Imperio Romano y cuando Roma se hizo cristiana, ser católico era sinónimo de ser romano, sinónimo de civilizado frente a los paganos bárbaros.

Sería absurdo restaurar hoy la religión del siglo III, del siglo VI, del siglo IX o del siglo XIV si nos vamos a los últimos restos en los países bálticos; sobre todo porque esta religión se descompuso a medida que la sociedad lo hacía. El cristianismo vino como una innovación moderna, como algo que superaba las “viejas supersticiones”. Es algo similar a lo que ocurre hoy con las ideologías de la Modernidad, que en cierto sentido han venido a superar al cristianismo y a reducirlo a una “superstición”, como antaño el cristianismo hizo con los viejos cultos paganos. El cristianismo hace tiempo que agoniza. Cuando en el siglo XIX Nietzsche dijo que Dios había muerto, refiriéndose al dios judeocristiano, llevaba razón… pero los europeos no se enteraron de su muerte hasta los años 60 del siglo XX.

La religión de nuestro tiempo es la Modernidad, es una cosmovisión atea y materialista, es un agujero negro espiritual. Hemos pasado de la superstición de la ignorancia a la superstición de la Ciencia. El sentido trascendente de la existencia ha dado paso al nihilismo, la visión de otra vida o de un más allá ha sido sustituida por la Nada absoluta. Pero esta visión, propia de las épocas de decadencia, que propicia una actitud de hedonismo y depravación porque solo hay una vida y por lo tanto disfrutar es lo único que importa (comamos y bebamos, que mañana moriremos), esta visión que genera una cultura de la inmediatez y del cortoplacismo, es el origen de la mayoría de los males del mundo. Pasamos de la época de Homero, donde se podía ser héroe, a una época en la que todavía quedaba algún loco dispuesto a intentar ser héroe, aunque estaba fuera de lugar (la época del Quijote) y finalmente hemos llegado a una época sin esperanza, donde ya no hay héroes ni parece que pueda haberlos, la época orwelliana en la que todo parece perdido. Podríamos decir que vivimos en 1984 (curiosamente en ese año, en 1984, Bonnie Tyler sacó su famosa canción I need a Hero). Sin embargo el mundo siempre ha sido el mundo, sólo ha cambiado nuestra forma de verlo.

La buena noticia es que todavía se puede ser un héroe, a pesar del pesimismo y el nihilismo que infecta a los europeos. Este pesimismo, este derrotismo, ha permitido a las pérfidas ideologías salvíficas de la Modernidad, como el progresismo liberal o el marxismo, dominarlo todo. No hay una solución política a corto plazo para Europa, por mucho que aparezcan supuestos “salvadores” que en el fondo esconden soluciones totalitarias. Esto es debido a que la situación política es una consecuencia de la degeneración cultural, moral y espiritual. Una élite oscura y siniestra gobierna nuestros países y no hay una aristocracia capaz de expulsarlos. Pero pese a todo se puede ser héroe, todavía puede haber héroes. Si los europeos han dejado de creerlo, si los europeos han dejado de lado los ideales caballerescos como en la Edad Media, si han perdido la concepción heroica de la existencia, es porque han dejado de creer en Dios, porque han perdido la fe.

Hércules león de Nemea

Esto nos lleva a una conclusión lógica, el paganismo, que va más allá de una simple cuestión espiritual e implica un sistema de valores y modo de vida, no puede ser una mera reconstrucción de una realidad congelada en el pasado. La espiritualidad europea siguió viva, aunque con el barniz cristiano. Se desarrolló en el ascetismo y la mística medievales, en el arte gótico, en el Romanticismo… siendo Wagner quizás la máxima expresión de esa concepción heroica y la culminación del arte europeo y posteriormente la obra de Tolkien como revitalizadora de ese pensamiento mítico-heroico. Debemos entender que el cristianismo se ha ido agotando, ha muerto de viejo, sin que nadie lo asesine. Ya no es capaz de plantar cara a la Modernidad, como en su día la vieja religión no fue capaz de hacerlo al cristianismo. Luego de lo que se trata no es de combatir al cristianismo, sino de superarlo. Nuestro movimiento espiritual no es anticristiano, ha de ser post-cristiano. Aspiramos a ir más allá, a revitalizar la fe de los europeos, a que recuperar el optimismo y la alegría, a devolverles el amor propio y la convicción de que pueden ser héroes de nuevo. El sentido trascendental de la existencia ya no lo representa la cruz de Cristo, sino los viejos dioses renacidos.

rueda solar en llamas

No importa que hoy seamos paganos y nuestros vecinos cristianos, tal vez nuestro vecino el que es un cristiano cumplidor desciende de los últimos paganos recalcitrantes que se resistieron hasta el final y nosotros, que somos paganos, descendamos de los cristianos más fanáticos que persiguieron implacablemente a los paganos ¿cómo podríamos saberlo? Enfrentarnos a los cristianos sería absurdo y suicida. La Iglesia como institución no nos supone una amenaza en comparación con otras bastante más reales, centrar nuestra atención en ella es un desperdicio de energías. Muchos de los que la atacan o atacan al cristianismo nos atacarían igualmente a nosotros si nos vieran como una amenaza, nos atacarán de hecho cuando lo seamos realmente. De hecho no atacan a la Iglesia por cristiana, sino porque la perciben como europea. Muchos de los valores cristianos realmente son valores europeos, por eso los atacan.

Es cierto que hay algunos fanáticos a los que les gustaría vernos en una hoguera como en la época de las persecuciones y que piensan que somos degenerados que “adoramos a demonios”, pero no son menos fanáticos que aquellos universalistas dentro de nuestras propias filas que nos tachan de racistas simplemente por defender la identidad europea, o aquellos que albergan ideas de odio o totalitarias y disfrazan estas de un carácter religioso “pagano” cuando en realidad lo único que les interesa de nuestra fe es usar la simbología para hacer política. También es absurdo buscar una “alianza” con los cristianos como algunos pretenden de manera utópica, pues ellos defienden la Cristiandad, no a Europa. Sencillamente debemos ofrecer una respuesta espiritual a los europeos, que actualmente no tienen porque el cristianismo hace mucho que ya no se la proporciona. No combatirlo ni centrar nuestros esfuerzos, en positivo o en negativo, sobre él.

Atacar al cristianismo es atacar a un hombre de paja, atacar a un moribundo que está arrojando sus últimos estertores. Más bien hay que construir en positivo, recuperar la visión heroica europea, el arte bello, la fuerza espiritual y el orgullo que los europeos necesitan en estos convulsos tiempos. Nunca más una guerra entre hermanos, ni motivada por enfrentamientos artificiales entre nacionalismos cívicos liberales, ni por la religión. Las guerras de religión son cosa del siglo XVII y ahí deben quedarse, las guerras nacionales son cosas del siglo XX y no debemos avivarlas de nuevo. Más bien hay que decirle a los europeos, la mayoría de ellos huérfanos de espiritualidad pero ávidos de un sentimiento trascendental de la existencia, que el cristianismo tuvo su momento histórico, como lo tuvo el Imperio Romano, como lo han tenido los Estados nacionales; pero que un nuevo resurgir euro-bárbaro, tribal y pagano es el único futuro posible si no queremos que nuestra sangre se diluya para siempre en el fango de la sociedad de masas multicultural y degenerada de la Modernidad. Urge devolverle la dimensión espiritual al ser humano, que hoy es una unidad indiferenciada de la masa. Urge recuperar el sentido de Comunidad frente al de sociedad, pues sólo en el seno de la comunidad el individuo se hace persona.

aldea medieval

Hay quienes ven en estas ideas, que suenan antiguas, un sentido autoritario o totalitario, pero es todo lo contrario. Es el Estado providencia y el pensamiento único impuesto en Occidente lo que es totalitario. Antes se hablaba de izquierdas o derechas, hoy lo que hay es un consenso del que nadie se sale de hacia dónde debe ir la sociedad y del que los políticos sólo discrepan en el ritmo, la velocidad de los cambios y las formas, pero no en el fondo. Nosotros defendemos lo contrario, defendemos la libertad, la justicia y la moderación frente al totalitarismo, la arbitrariedad y el hedonismo autocomplaciente de nuestro tiempo.

Todo en la naturaleza es cíclico y está sometido a la ley del péndulo, por lo que cuanto más acusada sea esta época de decadencia, más grande será el resurgir de nuestra Madre Europa. Debemos tener fe por mucho que el futuro parezca sombrío, pues defendemos el bien, la verdad y la belleza, el orden, la libertad y la justicia; frente a nuestros enemigos, cuyas delirantes e irracionales ideas (que disfrazan de racionales y científicas) van contra la Naturaleza y la Ley Suprema del cosmos. No pueden vencer, tampoco los nostálgicos pueden. Sólo nosotros podemos, sólo nosotros venceremos. Wotan con nosotros.

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